Este artículo me surge en base a una duda que me vino hace unas semanas en una clase del master al que estoy acudiendo. En dicho master, se hablaba de la cantidad de esfuerzo que se dedica en algunas ocasiones a intentar evitar emociones primarias como la tristeza. Seguramente, os sonarán algunas frases como «No tienes que estar triste» o «No llores, no tienes motivo para ello». Estas frases es muy posible que hayan podido ser dichas por algunos familiares y amigos con una clara intención de intentar hacer que os sintáis mejor. Con seguridad, ellos a su vez han recibido mensajes similares de otros familiares y amigos. ¿Y os han hecho sentir mejor? Probablemente no, incluso pueden lograr el efecto contrario. Ya no solo os sentís mal por la situación, sino que además os sentís mal por experimentar tristeza. La represión o negación de los estados de ánimo negativos mediante el intento de suprimirlos o distraernos para no verlos son intentos contraproducentes y cronifican múltiples dificultades psicológicas según datos científicos (Smole, 2006).

¿De dónde surge la idea de evitar emociones?
Desde décadas se nos ha enseñado de pequeños que «había que estar contentos» o «sentirse bien», negando estados tales como ansiedad, estrés o tristeza. Con ello, indirectamente, estás mandando un mensaje inconsciente a tu cerebro, en el que dices que tienes que sentirte bien porque es lo que está bien. Por el contrario, si te encuentras triste, automáticamente aparecen pensamientos negativos que indican que por el hecho de estar triste «estás haciendo algo incorrecto o que no está bien». De estas ideas prefijadas desde hace años, nace la idea de evitar estados emocionales.
Las emociones son respuestas que da nuestro cerebro para adaptarse a una serie de estímulos determinados del ambiente. Evalúan si las cosas nos van bien y nos conectan con necesidades esenciales. Además, al evitar las emociones que nos proporcionan malestar, el cerebro reacciona enviando nuevamente la información por la que emoción se vuelve más intensa.
Aceptación y validación emocional
Entendiendo la Inteligencia emocional como la habilidad de las personas a la hora de atender a sus sentimientos, tener claridad sobre los mismos y ser capaz de regularlos adecuadamente (Peter y Salovey, 1997). El modelo de Inteligencia Emocional desarrollado por estos mismos autores, citados anteriormente, trabaja las siguientes áreas: percepción y expresión emocional, facilitación emocional, comprensión emocional y regulación emocional, que nos permitirá no solo un reconocimiento de nuestras emociones, sino también una mejor comprensión y regulación emocional.
Resulta clave facilitar el aprendizaje desde las edades más tempranas en estrategias que identifican, gestionan y regulen las emociones. De esta manera, se podrá entrenar en un adecuado aprendizaje de aceptación y validación emocional. Trasmitir el mensaje de «entiendo que te encuentres triste y te voy a acompañar» ayuda a que la persona pueda integrar todos sus estados emocionales sin rechazar ninguno de ellos.
BIBLIOGRAFÍA
NS Ramos, SM Hernández, MJ Blanca. Ansiedad y estrés (2009). Colegio oficial de psicólogos.
Nomen Martín L. 50 técnicas psicoterapéuticas. (2006). Ed: Piramide.