El proceso de adaptación es la capacidad de la persona para hacer frente a los cambios que provienen tanto del entorno (clima, alimentación,cambio culturales…) como de la propia persona (biológicos, psicológicos, sociales…). El inmigrante se encuentra en un entorno totalmente desconocido para él, con lo que se ponen en marcha una serie de fases que en mayor o menor intensidad y duración se darán en la persona. Estas fases podrán variar en función de características personales, sexo, religión, idioma materno, cultura o raza.

Fase 1: Descubrimiento o Novedad (entre el primero y el tercer mes)
Cuando una persona llega a otro país experimenta una sensación de curiosidad. Quiere conocer todo tipo de lugares, la cultura, la comida, etc. Este período está caracterizado por intentar hacer cuantas actividades sean posibles, un sin de planes y unas altas expectativas con respecto al nuevo entorno. En esta fase además, se puede experimentar una gran energía y una gran motivación porque ante la novedad todo parece mucho más emocionante.
Fase 2: Estableciendo rutinas (entre el tercer y el quinto mes)
Aunque la persona sigue conviviendo con la novedad en su día a día, poco a poco, se va entrando en una rutina, se establecen más horarios, empiezas a conocer mejor las normas de ese nuevo país. Se entra en una dinámica de vida en la que empieza a cobrar más fuerza la realidad. La persona va dejando un poco de lado ese afán de descubrimiento y las actividades cotidianas van cobrando peso.
Fase 3: Añoranza y ansiedad (entre el quinto y el séptimo mes)
La persona comienza a extrañar su país de origen, se acuerda de todos aquellos importantes momentos vividos en su cultura y en todas las cosas que aportaban felicidad en su vida. Los expertos recomiendan, en esta fase, no tomar decisiones precipitadas, sino que es mejor esperar a estar en otro punto de mayor estabilidad, donde se pueden llegar a tomar decisiones más acertadas.
Fase 4: Adaptación (entre el séptimo y el décimo mes)
Poco a poco, la persona va recuperando sentimientos positivos con respecto al nuevo entorno. Algunas expectativas permanecen, se van fijando nuevas metas y se va recuperando la ilusión por experimentar esa experiencia.
En esta fase del proceso, además, se pueden descubrir aspectos personales, que antes le eran desconocidos a la persona. Esto a su vez le generara más fuerza y mayor disposición a continuar experimentando otros posibles caminos.
Es importante conocer gente del país al que se inmigra. Entablar relaciones con personas de la nueva cultura posibilitará una mayor adaptación al país.
Como se ha comentado anteriormente, estas fases no son iguales en toda las personas, sino que en algunas tendrá mayor duración una fase que otras o incluso no exactamente, por el orden expuesto. Es además frecuente, que la persona pase repetidas veces por estas fases sobre todo en algún periodo de especial estrés o ante la llegada de un cambio significativo en su vida.
Es importante tener en cuenta que la adaptación cultural del ser humano se desarrolla en base a aquellos acontecimientos ocurridos en nuestra vida que han hecho que aprendamos unos comportamientos y otros queden desestimados por no resultar adecuados en la cultura. Al llegar a otro país, deben producirse además una reordenación de esa adaptación, porque lo que en nuestra cultura puede ser adecuado no tiene por qué resultar exactamente igual de aceptado en este nuevo entorno. Esta remodelación de adaptación cultural y valores sociales, puede generar cambios psicológicos importantes en el inmigrante, que deben ser tenidos en cuenta.
